Esta vez consigo salir del bosque, llego al claro donde se que está Seth, pero es demasiado tarde. Unos hombres encapuchados ya le han cortado la cabeza, sus ojos me miran ausentes desde su cabeza chorreando sangre a más de una vara de distancia de su cuerpo. Corro hacia sus asesinos con rabia pero cuando voy a echar mano del arco, no está. Me toco la cinta que sujeta mi puñal a mi muslo pero el puñal tampoco está. No recuerdo haberlos perdido, pero eso ahora no me importa, aún tengo mis propias manos. Cuando estoy apunto de echar las manos al cuello de uno de sus asesinos, todos desaparecen. Desaparecen y me dejan con mi rabia y mis ansias de venganza sin saciar, con el cuerpo de Seth roto y sin vida.
Tengo la impresión de que cada día duermo menos. Cuando me despierto entre gritos y llantos de mis pesadillas creo que a penas han pasado un par de horas desde que me dormí. Jon duerme, pegado a la pared del saliente como siempre, muy alejado de mí. Al principio me resistí a que durmiera en el mismo sitio que yo, pero después empecé a notar lo que él nota entre la gente del pueblo libre. Empecé a escuchar los murmullos de desconfianza y sus miradas inquisitorias. No es sólo que no confíen en él, es que le odian. Lo hacen porque creen que es el responsable de sus maridos muertos, de sus hijos muertos, de su desgracia y de su exilio. La guardia de la noche y el muro es lo único que se interpone entre ellos y la total libertad y él representa a la guardia de la noche, al muro y a los señores del sur, a todo junto.
Cuando llego a mi cueva veo que hay pisadas en la entrada y luz dentro, mierda. Estoy a punto de dar media vuelta cuando escucho sus voces. Mance está dentro, con Casaca de Matraca y algunos más. Me pego a la entrada y me escondo en las sombras para escuchar. Nunca he sido de las que escuchan detrás de las puertas pero esto no me da buena espina.
- ... tampoco confío en ella - escucho decir a Mance - creo que no nos ha contado la verdad acerca de su pasado, ¿visteis como el chico la miró cuando la vio en la tienda? no parecía que la conociera solo de unos pocos días.
- Ya os dije que no eran de fiar, ni ella, ni el cuervo. Propongo que los matemos a los dos y acabemos ya con toda esta historia - respondió Casaca de Matraca.
- No, aún no. La chica es nuestra mejor arquera, tenemos pocos como ella, además quizá la haga mi esposa si Dalla muere en el parto ¿habéis visto que tetas tiene? ja, ja, ja. Y a él, aún le necesitamos para que nos dé información sobre el muro. El problema es que me precipité, pensé que, como su hermano era un cuervo el chico confiaría en ella y nos diría todo lo que necesitamos saber, pero no conté con que ella no pudiera ser leal a mí. Cuando vi como la miró en la cueva, se me abrieron los ojos, la chica nos ha mentido y si lo ha hecho una vez puede hacerlo mil más, pero ya era tarde. Lo que quiero es que los vigiléis de cerca, a los dos, y a la menor sospecha de traición, matadlos.
Estoy paralizada, han descubierto que no les he dicho la verdad por culpa de Jon, menudo imbécil. Ahora por su culpa estamos bajo vigilancia y corremos el riesgo de que nos maten a los dos. No me doy cuenta de que hace un rato que no hablan y de que la antorcha se está acercando a la puerta, salgo de allí corriendo y borrando mis huellas de la nieve como puedo, espero que no vean el rastro en la oscuridad y que la nieve de la noche cubra lo que queda por la mañana.
Llego al saliente y me siento con la espalda contra la pared. Miro a Jon, que sigue durmiendo ajeno a todo. ¿Debería decírselo? ¿Confiar en él? De pronto caigo en una cosa, no sé si sigue siendo un cuervo, no sé casi nada de él, ni porqué vino, ni porqué se fue, ni porqué se unió a la guardia de la noche. Primero debería estar segura de que es uno de los nuestros y después pensar si le digo que estamos en peligro. Uno de los ¿nuestros? ¿Sigo siendo uno de ellos? Cuando estaba con Seth nunca me lo había planteado pero ahora me doy cuenta de que yo no soy uno de los suyos, lo era cuando Seth estaba vivo, creía en lo que ellos creían, estaba dispuesta a morir por su causa, estaba dispuesta a luchar a su lado para recuperar lo que ellos creen que les pertenece. Lo que yo creía que les pertenecía, pero ¿lo sigo creyendo? No, ahora ya nada de eso me importa. Ni su estúpida guerra por el sur, ni su estúpida libertad, lo que me importa es la venganza, sólo sigo aquí porque Mance tiene los nombres que necesito. Ya no soy uno de ellos, y eso, me convierte en una traidora.
Sé cual es la solución más rápida para acabar con todo esto. Cojo el arco y saco una flecha del carcaj que he dejado a un lado. Me levanto y me coloco frente a Jon. Coloco la flecha en el arco, tenso la cuerda, cojo aire y aguanto la respiración. Si disparo ahora, le diría a Mance que ha intentado matarme mientras dormía, que es un traidor y he tenido que matarle. Eso haría que volviera a confiar en mí, se acabarían mis días como niñera, me diría los nombres y podría tener lo que quiero antes de que acabe el otoño. Sí, es lo que debo hacer. Miro a Jon mientras duerme bajo su capa, se parece mucho a Seth vestido de negro. Recuerdo cuando éramos pequeños y jugabamos con espadas de madera en Invernalia. Necesito respirar así que tengo que disparar ya. Debería disparar ya. Vamos, tengo que disparar.
La flecha sale a la vez que el aire de mi cuerpo. Nunca fallo, he practicado mucho. Desclavo la flecha del suelo, compruebo que la punta no se haya torcido y la vuelvo a meter en el carcaj. Hoy no puedo matar a Jon, tengo que pensar bien las cosas, no puedo permitirme más fallos. Quizá mañana vea las cosas más claras, así que me acuesto y pienso en el tema hasta que me vuelvo a dormir.
- ... tampoco confío en ella - escucho decir a Mance - creo que no nos ha contado la verdad acerca de su pasado, ¿visteis como el chico la miró cuando la vio en la tienda? no parecía que la conociera solo de unos pocos días.
- Ya os dije que no eran de fiar, ni ella, ni el cuervo. Propongo que los matemos a los dos y acabemos ya con toda esta historia - respondió Casaca de Matraca.
- No, aún no. La chica es nuestra mejor arquera, tenemos pocos como ella, además quizá la haga mi esposa si Dalla muere en el parto ¿habéis visto que tetas tiene? ja, ja, ja. Y a él, aún le necesitamos para que nos dé información sobre el muro. El problema es que me precipité, pensé que, como su hermano era un cuervo el chico confiaría en ella y nos diría todo lo que necesitamos saber, pero no conté con que ella no pudiera ser leal a mí. Cuando vi como la miró en la cueva, se me abrieron los ojos, la chica nos ha mentido y si lo ha hecho una vez puede hacerlo mil más, pero ya era tarde. Lo que quiero es que los vigiléis de cerca, a los dos, y a la menor sospecha de traición, matadlos.
Estoy paralizada, han descubierto que no les he dicho la verdad por culpa de Jon, menudo imbécil. Ahora por su culpa estamos bajo vigilancia y corremos el riesgo de que nos maten a los dos. No me doy cuenta de que hace un rato que no hablan y de que la antorcha se está acercando a la puerta, salgo de allí corriendo y borrando mis huellas de la nieve como puedo, espero que no vean el rastro en la oscuridad y que la nieve de la noche cubra lo que queda por la mañana.
Llego al saliente y me siento con la espalda contra la pared. Miro a Jon, que sigue durmiendo ajeno a todo. ¿Debería decírselo? ¿Confiar en él? De pronto caigo en una cosa, no sé si sigue siendo un cuervo, no sé casi nada de él, ni porqué vino, ni porqué se fue, ni porqué se unió a la guardia de la noche. Primero debería estar segura de que es uno de los nuestros y después pensar si le digo que estamos en peligro. Uno de los ¿nuestros? ¿Sigo siendo uno de ellos? Cuando estaba con Seth nunca me lo había planteado pero ahora me doy cuenta de que yo no soy uno de los suyos, lo era cuando Seth estaba vivo, creía en lo que ellos creían, estaba dispuesta a morir por su causa, estaba dispuesta a luchar a su lado para recuperar lo que ellos creen que les pertenece. Lo que yo creía que les pertenecía, pero ¿lo sigo creyendo? No, ahora ya nada de eso me importa. Ni su estúpida guerra por el sur, ni su estúpida libertad, lo que me importa es la venganza, sólo sigo aquí porque Mance tiene los nombres que necesito. Ya no soy uno de ellos, y eso, me convierte en una traidora.
Sé cual es la solución más rápida para acabar con todo esto. Cojo el arco y saco una flecha del carcaj que he dejado a un lado. Me levanto y me coloco frente a Jon. Coloco la flecha en el arco, tenso la cuerda, cojo aire y aguanto la respiración. Si disparo ahora, le diría a Mance que ha intentado matarme mientras dormía, que es un traidor y he tenido que matarle. Eso haría que volviera a confiar en mí, se acabarían mis días como niñera, me diría los nombres y podría tener lo que quiero antes de que acabe el otoño. Sí, es lo que debo hacer. Miro a Jon mientras duerme bajo su capa, se parece mucho a Seth vestido de negro. Recuerdo cuando éramos pequeños y jugabamos con espadas de madera en Invernalia. Necesito respirar así que tengo que disparar ya. Debería disparar ya. Vamos, tengo que disparar.
La flecha sale a la vez que el aire de mi cuerpo. Nunca fallo, he practicado mucho. Desclavo la flecha del suelo, compruebo que la punta no se haya torcido y la vuelvo a meter en el carcaj. Hoy no puedo matar a Jon, tengo que pensar bien las cosas, no puedo permitirme más fallos. Quizá mañana vea las cosas más claras, así que me acuesto y pienso en el tema hasta que me vuelvo a dormir.

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