17 de julio de 2014

Capítulo 5




Esta vez consigo salir del bosque, llego al claro donde se que está Seth, pero es demasiado tarde. Unos hombres encapuchados ya le han cortado la cabeza, sus ojos me miran ausentes desde su cabeza chorreando sangre a más de una vara de distancia de su cuerpo. Corro hacia sus asesinos con rabia pero cuando voy a echar mano del arco, no está. Me toco la cinta que sujeta mi puñal a mi muslo pero el puñal tampoco está. No recuerdo haberlos perdido, pero eso ahora no me importa, aún tengo mis propias manos. Cuando estoy apunto de echar las manos al cuello de uno de sus asesinos, todos desaparecen. Desaparecen y me dejan con mi rabia y mis ansias de venganza sin saciar, con el cuerpo de Seth roto y sin vida.

Tengo la impresión de que cada día duermo menos. Cuando me despierto entre gritos y llantos de mis pesadillas creo que a penas han pasado un par de horas desde que me dormí. Jon duerme, pegado a la pared del saliente como siempre, muy alejado de mí. Al principio me resistí a que durmiera en el mismo sitio que yo, pero después empecé a notar lo que él nota entre la gente del pueblo libre. Empecé a escuchar los murmullos de desconfianza y sus miradas inquisitorias. No es sólo que no confíen en él, es que le odian. Lo hacen porque creen que es el responsable de sus maridos muertos, de sus hijos muertos, de su desgracia y de su exilio. La guardia de la noche y el muro es lo único que se interpone entre ellos y la total libertad y él representa a la guardia de la noche, al muro y a los señores del sur, a todo junto. 

Cuando llego a mi cueva veo que hay pisadas en la entrada y luz dentro, mierda. Estoy a punto de dar media vuelta cuando escucho sus voces. Mance está dentro, con Casaca de Matraca y algunos más. Me pego a la entrada y me escondo en las sombras para escuchar. Nunca he sido de las que escuchan detrás de las puertas pero esto no me da buena espina.

- ... tampoco confío en ella - escucho decir a Mance - creo que no nos ha contado la verdad acerca de su pasado, ¿visteis como el chico la miró cuando la vio en la tienda? no parecía que la conociera solo de unos pocos días.

- Ya os dije que no eran de fiar, ni ella, ni el cuervo. Propongo que los matemos a los dos y acabemos ya con toda esta historia - respondió Casaca de Matraca.

- No, aún no. La chica es nuestra mejor arquera, tenemos pocos como ella, además quizá la haga mi esposa si Dalla muere en el parto ¿habéis visto que tetas tiene? ja, ja, ja. Y a él, aún le necesitamos para que nos dé información sobre el muro. El problema es que me precipité, pensé que, como su hermano era un cuervo el chico confiaría en ella y nos diría todo lo que necesitamos saber, pero no conté con que ella no pudiera ser leal a mí. Cuando vi como la miró en la cueva, se me abrieron los ojos, la chica nos ha mentido y si lo ha hecho una vez puede hacerlo mil más, pero ya era tarde. Lo que quiero es que los vigiléis de cerca, a los dos, y a la menor sospecha de traición, matadlos.

Estoy paralizada, han descubierto que no les he dicho la verdad por culpa de Jon, menudo imbécil. Ahora por su culpa estamos bajo vigilancia y corremos el riesgo de que nos maten a los dos. No me doy cuenta de que hace un rato que no hablan y de que la antorcha se está acercando a la puerta, salgo de allí corriendo y borrando mis huellas de la nieve como puedo, espero que no vean el rastro en la oscuridad y que la nieve de la noche cubra lo que queda por la mañana.

Llego al saliente y me siento con la espalda contra la pared. Miro a Jon, que sigue durmiendo ajeno a todo. ¿Debería decírselo? ¿Confiar en él? De pronto caigo en una cosa, no sé si sigue siendo un cuervo, no sé casi nada de él, ni porqué vino, ni porqué se fue, ni porqué se unió a la guardia de la noche. Primero debería estar segura de que es uno de los nuestros y después pensar si le digo que estamos en peligro. Uno de los ¿nuestros? ¿Sigo siendo uno de ellos? Cuando estaba con Seth nunca me lo había planteado pero ahora me doy cuenta de que yo no soy uno de los suyos, lo era cuando Seth estaba vivo, creía en lo que ellos creían, estaba dispuesta a morir por su causa, estaba dispuesta a luchar a su lado para recuperar lo que ellos creen que les pertenece. Lo que yo creía que les pertenecía, pero ¿lo sigo creyendo? No, ahora ya nada de eso me importa. Ni su estúpida guerra por el sur, ni su estúpida libertad, lo que me importa es la venganza, sólo sigo aquí porque Mance tiene los nombres que necesito. Ya no soy uno de ellos, y eso, me convierte en una traidora.

Sé cual es la solución más rápida para acabar con todo esto. Cojo el arco y saco una flecha del carcaj que he dejado a un lado. Me levanto y me coloco frente a Jon. Coloco la flecha en el arco, tenso la cuerda, cojo aire y aguanto la respiración. Si disparo ahora, le diría a Mance que ha intentado matarme mientras dormía, que es un traidor y he tenido que matarle. Eso haría que volviera a confiar en mí, se acabarían mis días como niñera, me diría los nombres y podría tener lo que quiero antes de que acabe el otoño. Sí, es lo que debo hacer. Miro a Jon mientras duerme bajo su capa, se parece mucho a Seth vestido de negro. Recuerdo cuando éramos pequeños y jugabamos con espadas de madera en Invernalia. Necesito respirar así que tengo que disparar ya. Debería disparar ya. Vamos, tengo que disparar.

La flecha sale a la vez que el aire de mi cuerpo. Nunca fallo, he practicado mucho. Desclavo la flecha del suelo, compruebo que la punta no se haya torcido y la vuelvo a meter en el carcaj. Hoy no puedo matar a Jon, tengo que pensar bien las cosas, no puedo permitirme más fallos. Quizá mañana vea las cosas más claras, así que me acuesto y pienso en el tema hasta que me vuelvo a dormir.


11 de julio de 2014

Capítulo 4


Llueve a mares. Me mojo la cara mientras corro y apenas veo por donde piso, pero no me importa. Tengo que llegar, esta vez conseguiré llegar a tiempo para salvarlo. No veo el claro del bosque donde se que está, pero se que falta poco y que está allí. Siempre es todo igual, pero esta vez cambiaré el final, lo noto. Corro lo mas deprisa que puedo pero parece que no avanzo, la angustia crece cada vez más. Malditas piernas, necesito que seáis más rápidas. Las ramas de los pinos me golpean la cara y los brazos mientras sigo corriendo por este bosque que parece no tener fin, pero no siento el dolor. Por fin, después de lo que me parece una eternidad veo el final del bosque, veo el último árbol, veo el claro que hay más allá y se lo que me espera. Pongo todas las fuerzas que soy capaz de reunir en correr mas deprisa de lo que lo he hecho nunca, se lo debo. Cuando estoy a poca distancia del claro, aparece Jon entre los árboles, como si me hubiera estado esperando. Intento apartarle de un empujón pero no se mueve, se coloca delante de mi y no me deja pasar. Intento esquivarle, rodearle, incluso arrollarle, pero no se aparta y me impide pasar. No lo entiende, tiene que dejarme pasar. La rabia me consume, estoy histérica, estaba tan cerca de conseguirlo... Le grito, le grito que se aparte, que tengo que salvar a Seth, es la última oportunidad, lloro, grito y pataleo pero no se mueve. Ya no puedo más, estoy exhausta y me dejo caer.  

Es entonces cuando me despierto, temblando y llorando, como cada noche. He vuelto a fallarle, he vuelto a no salvarle y ha sido por culpa de Jon esta vez. Cuando mis ojos se acostumbran a la oscuridad y me he tranquilizado un poco me doy cuenta de que no estoy sola en el saliente de la roca, Jon está acurrucado contra la pared y me mira sin decir nada. No soporto que me mire, aún le guardo rencor por contarme anoche mentiras sobre Theon. Me levanto con cuidado, cojo mi arco, una antorcha apagada y salgo de debajo del saliente. Hace ventisca fuera y está nevando otra vez. 

Camino con dificultad hasta una cueva cercana que descubrí hace pocos días. Está alejada del campamento y no vendrá nadie a molestarme a estas horas. La cueva empieza en un sendero estrecho pero dentro se abre hasta formar un gran hueco. De una de las paredes, que son mucho más altas que yo cae una cascada que no lleva mucha agua. Es agua caliente que viene del corazón de la montaña y desaparece después de un pequeño río por un agujero lateral en la pared de la cueva. En otra de las paredes crece un gran árbol, pero no tiene hojas, solo tronco y ramas peladas. Enciendo la antorcha y la coloco en un hueco en la pared. Me coloco frente al árbol a la mayor distancia que la cueva me permite, coloco el arco, saco una flecha, tenso la cuerda y disparo. La flecha se queda clavada en el tronco. Entonces repito lo mismo con las quince flechas que hay en mi carcaj. Cuando he acabado me acerco al árbol y las arranco, las vuelvo a colocar en el carcaj y vuelvo a empezar. No se cuantas veces lo he hecho, pero ya me duelen los brazos cuando me doy cuenta de que entra luz por la entrada de la cueva. Ya debe estar bien entrada la mañana. Me quito la ropa y me meto bajo la cascada.

Estoy llorando otra vez, liberando la tensión que tengo dentro y me impide respirar. No es que quiera llorar pero tampoco quiero evitarlo. Creo que las lágrimas me limpian un poco la rabia.

Salgo de la cueva y no hay nadie cerca. Voy a reunirme con Tormund, hoy tenemos que hacer una partida de caza, porque apenas quedan reservas de carne. Cuando llego a su tienda me encuentro con Jon que me mira desde que entro hasta que hemos salido organizados en grupos para cazar. No hablo con él en todo el día, pero tampoco yo le pierdo de vista. Por mucho que le odie ahora mismo, sigo siendo su niñera y lo último que quiero es que se largue durante la caza y Mance me despelleje.

Por la noche, después de cenar un oso que hemos cazado, me dirijo a mi saliente para intentar dormir, estoy agotada. Jon se levanta de la hoguera y viene detrás.

- ¿No hay más salientes en los que dormir Jon? No quiero dormir contigo, roncas - le digo sin rodeos. Aunque lo de roncar solo es una excusa para que se largue.

- Si quiero dormir sin peligro de despertarme con la garganta abierta, no. No hay más sitios.

- Que los cuervos nos llamen salvajes no quiere decir que vayamos por ahí matando porque sí ¿sabes? Para matar hay que tener un motivo.

- El motivo que tienen es que no se fían de mí ¿no has visto como me miran?¿no los escuchas cuchichear?

- ¿Y porqué debería importarme a mí tu seguridad?

- Porque éramos amigos.

- Tú lo has dicho, "éramos". Largo de aquí Jon Nieve.

- ¿Estás enfadada por lo de Theon? Y es normal, pero es la verdad, Jannie. Yo también desearía que no fuera cierto, que mis hermanos siguieran vivos y que Theon fuera el amigo que creía tener. Pero las cosas no siempre son como queremos que sean.

- Primero, no me llames Jannie, y segundo nunca le des lecciones a una mujer sobre lo injusta que es la vida, Jon.

- ¿Y para un bastardo? ¿Crees que es justa la vida para un bastardo?

En el fondo, creo que lo que odio de Jon es que nunca le trataron como a un bastardo. Le criaron en un castillo, Ned le trató como a otro de sus hijos, como a uno más, sin distinción. Siempre tuvo algo para comer, un buen caballo para montar, una buena espada con la que entrenar y un maestre que le curara las heridas de las rodillas cuando se las desollaba jugando. Eso es lo peor, que pudo jugar. Seth nació siendo adulto, su madre murió en el parto y tuvo que luchar para vivir, no tuvo nada nunca, ni siquiera una infancia. Pero eso no es culpa de Jon y no debería pagarlo con él.

- No, para un bastardo tampoco - reconozco - puedes dormir aquí, pero si me despiertan tus ronquidos, te echo a patadas.

3 de julio de 2014

Capítulo 3


La noche cae temprano, cada vez más temprano. Me siento junto a Jon cerca de una hoguera y esperamos a que el cerdo que hay en el espetón se termine de asar en silencio. Contemplo las llamas y pienso que ojalá Seth estuviera aquí para ver a Jon, ya es todo un hombre, ha cambiado mucho desde la última vez que le vi. Le hablé tanto de Jon a Seth cuando era pequeña que seguro que le habría gustado conocerle. Me hubiera encantado ir a Invernalia con Seth... que hubiese conocido a Jon, a Theon, a Robb, a la guapísima Sansa... seguro que el muy cara dura la habría robado un beso, siempre iba por ahí robando besos a las chicas. No puedo evitar sonreír al acordarme de la vez que besó en la boca a una doncella de Bastión Kar y para que la muchacha no se enfadara le dijo que se lo habían ordenado los dioses, que tenía que besar a la doncella más bella del mundo para que no desataran su ira contra los hombres. Puso tal cara de inocente que se lo creyó la muy idiota, y no sólo eso, le pidió que le diera otro para estar seguros de que los dioses lo habían visto y estaban satisfechos. Si hubiese sido otra chica, hubiera pensado que le gustó y que quería ser pícara pero no era el caso, creo que era la chica más tonta que he conocido nunca. Me reí tanto cuando se fue que me dolía la cara.

Cuando vuelvo al mundo real, Jon me está mirando muy serio.

- ¿Sabes que Theon se puso furioso cuando se enteró de que te iban a casar?¿Y que lloró tu muerte durante meses?

- Vaya, no sabía le importara tanto.

- Le pidió a su padre que le casara contigo, pero Balon Greyjoy consideró que el heredero de Las islas del hierro merecía algo mejor. Cuando llegó el pájaro anunciando tu boda se volvió loco, no paraba de andar de un lado a otro del patio de armas con la espada desenvainada y lanzando estocadas a todo lo que veía, creí que iba a matar a alguien y no sabía muy bien si sería tu prometido o su padre.

- ¿Theon sigue en Invernalia? Quizá le haga una visita si voy al sur.

- Theon era un traidor y un asesino, mató a mis hermanos pequeños y quemó invernalia. 

No. Theon no es ningún asesino. Es mentira. Lo que me dice es mentira. ¿Porqué me mientes Jon? No puede ser verdad. Siento que me falta el aire. Lo ha dicho tan natural como si lo hubiera repetido un millón de veces, como si lo creyera. Está jugando conmigo. Siempre le molestó que Theon y yo nos diéramos besos por las esquinas cuando iba de visita a Invernalia. Sí, tiene que ser eso. Jon debe odiarme para decirme una mentira semejante porque Theon siempre quiso a Bran y a Rickon. Theon era un buen chico. Era. Un momento... ha dicho era.

-¿Sigue vivo?

- Espero que no. Espero que esté pudriéndose en el infierno.

No puedo evitar que una lágrima me corra por la mejilla hasta la barbilla. ¿Pero qué hago? ¿Estoy llorando por Theon o por Bran y Rickon? Theon fue con quien me di el primer beso, Theon fue el que despertó en mi la rebeldía, el que me hizo darme cuenta de que valía para algo más que parir y criar niños que no llevarían mi apellido. Entonces puede que también sea su culpa que Seth esté muerto, si no hubiera conocido a Theon ahora seguramente sería madre de algún niño, tendría un marido gordo y vulgar pero Seth seguría vivo y solo por eso pagaría lo que fuera. Yo le arrastré hasta aquí y le arrastré a morir. Y ahora estoy sola. 

Se me ha quitado el hambre y no puedo soportar verle la cara a un mentiroso como Jon. Me levanto y camino hacia el pequeño saliente de una roca bajo el que llevo durmiendo dos noches. Cuando llego me tumbo bajo mis pieles y lloro. Lloro por todos, por Theon, por mi, por nosotros, por lo que pudo ser y no fue, por lo que es y desearía que no fuera, por lo que fuimos y por lo que somos ahora, unos asesinos. Lloro también por Bran y por Rickon, que solo era un bebé, no merecían morir. 

No recuerdo cuando conocí a Jon, ni cuando conocí a Robb. Yo era un bebé de poco más de un año cuando fui por primera vez a Invernalia. Había acabado la guerra por el trono, que ahora era de Roberth Baratheon. Catelyn Tully todavía no había perdonado a Ned Stark que volviera con un bastardo en los brazos. La Vieja Tata me dijo una vez, que a Robb y a mí nos había concebido la misma noche, antes de que nuestros padres partieran al sur, a la guerra, pero que él tenía más prisa por salir, y por eso es un mes mayor. Desde entonces, nuestras visitas a Invernalia eran frecuentes, mi padre iba por obligación y nunca paraba de quejarse, era Timmon Karstark, señor de Bastión Kar y tenía que cumplir con sus deberes para con el reino. Yo, sin embargo, iba encantada, encantada de salir de esa mierda de castillo a la que llamábamos hogar. Cuando volvíamos a Bastión Kar siempre contaba los días para volver a Invernalia. Mi padre se ponía hecho una furia cuando me veía llena de barro hasta la cintura o con una espada de madera en la mano luchando contra Jon o Robb. "No son cosas de niña, y nadie querrá un caballero por esposa" me decía, ay padre, si hubieras sabido cuanto te odiaba y de lo que fui capaz te habrías ahorrado comentarios como ese. Estoy tan cansada... ojalá fuese una niña otra vez y pudiera luchar con una espada de madera en vez de con una de acero.


Para terminar este capítulo os dejo un dibujo de Jane, nuestra protagonista, hecho por mí. espero que os guste ^^